La Peseta y el Arte Imágenes en billetes anteriores al euro
Autores: Fernando García de Cortázar, Paloma de Roda Lamsfus, Teresa Tortella
Editorial Scriptum, 2001
Nº de páginas: 239
Tamaño: 240 x 300 mm.
ISBN: 94-932379-6
PVP: 29,95€
Una aproximación a la historia del papel moneda en España.
España no se encuentra entre el grupo de primeros países que emitieron billetes. Se ha dicho a menudo que España fue uno de los países europeos que más tardó en emitir papel moneda y que ello pudo ser debido al prestigio y valor de sus monedas de oro y plata, procedentes de América. Se puede pensar también, por otro lado, que en España ocurrió lo mismo que en el resto de los países europeos mencionados, que no se emitieron billetes hasta que se creó un banco emisor, y que éste se creó cuando hubo que hacer frente a dificultades económicas y financieras. El Banco Nacional de San Carlos, fundado en junio de 1782, puso en circulación, en marzo de 1783, una primera emisión que no consiguió la aceptación y confianza del público. Es digno de señalar, sin embargo, que en ninguno de los memoriales elevados al rey Carlos III o al conde de Floridablanca, su ministro, en los que Francisco Cabarrús, comerciante francés fundador del Banco, proponía la creación de éste, se hacía mención de que uno de los objetivos de la institución fuera la emisión de papel moneda. Posiblemente el fracaso que el intento de John Law había tenido en Francia, país de origen de Cabarrús, tuvo mucho que ver con esta omisión. La Real Cédula de fundación del Banco, de 2 de junio de 1782, no señala en efecto en ninguno de sus artículos que la creación de billetes fuera a ser uno de sus cometidos. Y sin embargo en la primera Junta de accionistas el propio Cabarrús, como director, propuso la primera emisión de billetes, a los que denominó cédulas, quizá también para evitar la palabra billete, demasiado parecida al vocablo francés billet. Una segunda emisión del Banco de San Carlos en 1798 alcanzó una difusión superior a la primera, pero el descubrimiento de una importante falsificación y otras vicisitudes determinó su retirada de la circulación en 1803.
El Banco de San Fernando, creado en 1829 como nuevo banco oficial continuador del Banco de San Carlos, obtuvo el monopolio de emisión de billetes en Madrid. Otro banco fundado en 1844 en la capital, por una serie de banqueros y comerciantes privados, con el nombre de Banco de Isabel II, fue también autorizado a emitir billetes. Después de casi tres años de confrontación los dos bancos se fusionaron en 1847 dando origen al Nuevo Banco Español de San Fernando. Más tarde, en 1856, al amparo de una ley bancaria aprobada por las Cortes Españolas, la institución recibió el nombre de Banco de España. Por último, en 1874 un Decreto-ley, firmado por el titular del ministerio de Hacienda de entonces, José de Echegaray, garantizaba al Banco de España el monopolio del privilegio de emisión de billetes en todo el país.
Desde 1783, año de la primera emisión de billetes del Banco de San Carlos hasta nuestros días, las emisiones de billetes realizadas por sus antecesores citados y por el propio Banco de España se pueden calcular en unas 120. La historia de estos billetes coincide en algunos aspectos con la historia política y económica general del país. Pero, en cierto modo, también esta historia puede resumirse como la actividad llevada a cabo por el Banco de España en su lucha contra la falsificación. En ella se enmarca la búsqueda de técnicas más avanzadas tanto en la composición del papel y sus marcas secretas y de seguridad, como en el grabado y en los procedimientos de impresión. Así, se puede comprobar el largo camino recorrido en el progreso técnico aplicado a los billetes, si se compara la deliberada simplicidad de las primeras «cédulas» del Banco de San Carlos, en la que el propio Cabarrús insistió cuando describió cómo debían de ser éstas, y los billetes que se utilizan hoy, en los que se superponen diferentes procedimientos de tiradas que mezclan el grabado a mano, la impresión mecánica y el procedimiento calcográfico.
Los primeros billetes estaban protegidos únicamente por una numeración correlativa manuscrita, por las firmas de los altos directivos del Banco y por unas ingenuas marcas de agua en el papel, cuyas claves eran celosamente guardadas por los cajeros para poder contrastarlas ante cualquier sospecha de falsificación que fuera presentada al cobro en sus ventanillas. A partir de 1830, recién fundado el Banco Español de San Fernando, se introdujeron dos nuevos elementos de protección y seguridad en el billete: el corte a mano de la matriz del talonario en que los billetes eran entregados al Banco por el fabricante, y la leyenda «pena de muerte al falsificador», pena que en la realidad parece que nunca llegó a aplicarse en España.